En un panorama cinematográfico saturado de historias románticas predecibles, Amores materialistas llega como un soplo de aire fresco
La nueva película de Celine Song, directora aclamada por su debut Vidas pasadas, propone una mirada provocadora y emotiva al amor contemporáneo. Inspirada en su propia experiencia como casamentera en Nueva York, Song construye un relato que mezcla humor, incomodidad y ternura para cuestionar cómo la cultura actual ha convertido las relaciones en un verdadero mercado afectivo.
La trama sigue a Lucy (interpretada por Dakota Johnson), una empleada de una agencia de citas de élite que se dedica a encontrar la pareja «perfecta» para clientes adinerados. Entre cocteles y reuniones, Lucy se enfrenta a demandas tan específicas como ingresos millonarios, estaturas exactas y un catálogo interminable de requisitos superficiales. A través de esta dinámica, el filme revela cómo el romanticismo puede diluirse entre contratos implícitos y expectativas materialistas.
Celine Song no se limita a mostrar los excesos de este mundo, sino que profundiza en la contradicción emocional de quienes buscan amor en un entorno tan calculado. “Aprendí más sobre las personas en esos seis meses que en cualquier otro periodo de mi vida”, ha confesado la directora, dejando claro que su obra está impregnada de observaciones reales y experiencias personales.
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El reparto es otro de los grandes atractivos de Amores materialistas. Junto a Dakota Johnson, destacan Pedro Pascal (Los 4 fantásticos) y Chris Evans (Los vengadores), quienes aportan carisma y matices emocionales a una narrativa que evita caer en el sentimentalismo tradicional. Los tres construyen un triángulo interpretativo que combina química, tensión y momentos de humor afilado.


La elección de estos actores no es casual: su popularidad y versatilidad interpretativa funcionan como ancla para un guion que se atreve a incomodar. A lo largo de la película, sus personajes oscilan entre la vulnerabilidad y el cálculo frío, reflejando las tensiones propias de un amor condicionado por expectativas externas.
La elección de estos actores no es casual: su popularidad y versatilidad interpretativa funcionan como ancla para un guion que se atreve a incomodar. A lo largo de la película, sus personajes oscilan entre la vulnerabilidad y el cálculo frío, reflejando las tensiones propias de un amor condicionado por expectativas externas.
El sello de Celine Song está presente en cada escena: diálogos medidos, silencios significativos y una fotografía que refuerza la dualidad entre el brillo superficial y la intimidad emocional. La directora evita caer en fórmulas de manual, construyendo un ritmo que alterna momentos de ligereza con otros de introspección profunda.
Si eres amante del cine que combina frescura, inteligencia y riesgo, Amores materialistas es una apuesta segura. No es solo una comedia romántica, sino una obra que juega con los códigos del género para ofrecer algo más honesto y contemporáneo.
En definitiva, Amores materialistas es de esas películas que no solo se ven, sino que se quedan resonando en la mente mucho después de que las luces de la sala de cine se encienden.




